Ójala más gente supiera que el síntoma no es el problema.

Ójala más gente supiera que el síntoma no es el problema.

A veces llegamos a terapia buscando aliviar algo muy concreto (la ansiedad, la tristeza, los miedos, los nervios, los pensamientos obsesivos,…). Pero esos síntomas son sólo la punta del iceberg.

En realidad el síntoma es el mensajero que nos habla de que debemos mirar más profundo.

“No tapes el síntoma. Sana el patrón.”

Lo que más duele – y lo que más libera cuando se trabaja – no es el síntoma en sí, sino el PATRÓN que lo sostiene: formas repetidas de sentir, pensar o relacionarnos que aprendimos para sobrevivir, pero que ahora ya no nos sirven. Cuando sanas el patrón, el síntoma deja de tener sentido por sí solo.

 

OTRO ABORDAJE ES POSIBLE.

Durante mucho tiempo, tanto la medicina como la psicología tradicional han puesto el foco en las ramas del árbol.

Si una rama está seca, duele o molesta, se poda. Si otra crece torcida, se corrige. Y si aparecen muchas ramas enfermas, se intenta controlarlas una a una.

Así funciona el abordaje del síntoma: la ansiedad, el insomnio, la tristeza, el dolor de cabeza… Se cortan, se reducen, se silencian.

Pero el árbol sigue enfermando. Porque el verdadero problema no está en las ramas, sino en la raíz que las alimenta.

Una raíz dañada, herida o mal nutrida —por experiencias tempranas, carencias afectivas, trauma, miedo o inseguridad— seguirá produciendo ramas frágiles, torcidas o enfermas, por mucho que las podes.

“El síntoma no es el enemigo”.

Es la puerta de entrada que nos muestra por dónde está pidiendo ser mirado el sistema.

Cuando dejamos de luchar contra las ramas y nos atrevemos a bajar a la raíz, algo cambia de verdad: el árbol ya no necesita generar síntomas para ser escuchado.

Sanar no es podar mejor. Es cuidar la raíz para que todo el árbol pueda crecer de otra manera.

 

LA PROGRAMACIÓN INCONSCIENTE Y LAS HERIDAS DE NUESTROS NIÑ@S INTERIORES.

Aprendimos a funcionar de una determinada forma por las experiencias que tuvimos en edades tempranas. Y el problema es que esos patrones se activan automáticamente en la edad adulta

  • Un niño que fue humillado e invalidado en sus necesidades, hoy es el adulto que se protege siendo autoexigente y perfeccionista por el miedo a ser criticado.
  • Una niña que vivió en un entorno caótico, es la mujer que hoy necesita tener todo bajo control para sentirse segura y que es incapaz de relajarse o confiar.
  • Un niño que creció con una madre que no le proporcionaba afecto de modo coherente, es el hombre que hoy se siente inseguro en su relación de pareja, dependiente emocionalmente y tiene ansiedad relacional por miedo al abandono.
  • Una niña que fue reforzada por cuidar de otros y ser buena, es la adulta que hoy nunca se prioriza y asume responsabilidades que no le corresponden, dando más de lo que recibe y que tiene problemas para decir que no por su necesidad de ser querida.

 

Nunca podremos “borrar” lo que nos ocurrió, pero sí salirnos del piloto automático y madurar aspectos que no pudimos integrar en su momento por una mala interpretación de nuestra psique.

 
Debemos entender que el 95% de nuestras conductas y pensamientos son inconscientes. Cuando reconocemos que hay hilos ocultos que manejan nuestra vida y destapamos esos elementos – el personaje con el que nos hemos identificado, las creencias o mecanismos de compensación que nacieron en la infancia para sobrellevar carencias y traumas – , entonces podemos empezar a sanar y cambiar.

Si esto te ha resonado, no es casualidad. Tal vez tu síntoma no necesita ser combatido, sino escuchado. Indaga y pregúntate: “¿qué patrón se está repitiendo en mí?”; “¿qué parte de mi historia sigue viva en mi presente?”

El síntoma señala el lugar donde algo pide madurar. La sanación no empieza cuando el síntoma desaparece, sino cuando te atreves a mirar el patrón que lo sostiene.
Si sientes que ha llegado ese momento y quieres ir a la raíz, la terapia es un espacio para hacerlo acompañado/a. Llama y planifica una primera entrevista.

No se trata de corregirte, sino de comprenderte.